SALUD
16 de enero de 2026
Una investigación revela que consumir aceite de oliva podría reducir los riesgos de demencia

La demencia es una de las principales preocupaciones de salud pública a nivel mundial y, a medida que la expectativa de vida aumenta, también crece el interés por encontrar estrategias preventivas que no dependan exclusivamente de medicamentos. En ese contexto, una investigación indica que el aceite de oliva, diariamente, puede ser una pieza clave.
Entre los alimentos más estudiados en los últimos años, el aceite de oliva ocupa un lugar destacado. Investigaciones recientes sugieren que una simple cucharada diaria podría estar vinculada con una reducción significativa del riesgo de morir por demencia, abriendo una nueva perspectiva sobre cómo pequeños cambios cotidianos pueden tener efectos profundos en el cerebro.
Un estudio de Harvard relaciona el aceite de oliva con la demencia
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Harvard analizó durante años los hábitos alimentarios y la evolución de la salud de 92.383 personas en Estados Unidos, con una edad promedio de 56 años al inicio del seguimiento. Los resultados fueron contundentes: quienes consumían al menos una cucharada diaria de aceite de oliva, equivalente a unos 10 gramos, presentaban un menor riesgo de morir por demencia en comparación con quienes lo consumían rara vez o nunca.
La investigación se centró no solo en la cantidad de aceite de oliva ingerida, sino también en su incorporación regular dentro de la dieta diaria. Los científicos observaron que reemplazar otras grasas, como la margarina o la manteca, por aceite de oliva estaba asociado con beneficios adicionales para la salud cerebral.
Uno de los puntos más relevantes del estudio es que los beneficios se mantuvieron incluso después de ajustar otros factores de riesgo, como la actividad física, el índice de masa corporal, el tabaquismo y la calidad general de la dieta.
Según los investigadores, los polifenoles presentes en el aceite de oliva virgen extra podrían desempeñar un rol clave en la protección de las neuronas frente al estrés oxidativo y la inflamación crónica, dos procesos estrechamente vinculados al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
Cómo consumir aceite de oliva para obtener esos beneficios en el cerebro
La forma más efectiva de incorporar el aceite de oliva para aprovechar sus beneficios es consumir una cucharada diaria, lo que equivale aproximadamente a 10 gramos.
Esta cantidad puede ingerirse directamente, en ayunas o junto con las comidas, o bien integrarse en preparaciones simples como ensaladas, verduras cocidas o tostadas. Lo importante es la constancia: el efecto protector se observa con un consumo regular a lo largo del tiempo.
Los especialistas recomiendan priorizar el aceite de oliva virgen extra, ya que es el que conserva la mayor concentración de polifenoles y antioxidantes naturales. Estos compuestos son sensibles al calor excesivo, por lo que su uso en crudo resulta ideal para maximizar sus propiedades.
Otro aspecto clave es el reemplazo de grasas menos saludables. Sustituir manteca, margarinas o grasas animales por aceite de oliva no solo beneficia al cerebro, sino también al sistema cardiovascular, que está estrechamente relacionado con la salud cognitiva. Un corazón sano favorece una mejor circulación sanguínea cerebral, reduciendo el riesgo de deterioro cognitivo.
Asimismo, el aceite de oliva no actúa de manera aislada. Su efecto se potencia cuando forma parte de un patrón alimentario equilibrado, rico en frutas, verduras, legumbres, pescado y cereales integrales, como ocurre en la dieta normal.
Ingerir una cucharada diaria de aceite de oliva, está asociado con una reducción del riesgo de morir por demencia. Estas investigaciones presentaron este hábito como una estrategia preventiva eficaz, accesible y fácil de incorporar a la vida cotidiana.

