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SALUD

13 de enero de 2026

¿Qué es la onicofagia?

Morderse las uñas es una escena frecuente y transversal. Aparece en la oficina, en el aula, frente a una pantalla o durante una espera larga. Muchas veces ocurre sin que la persona lo registre. El movimiento se vuelve automático, casi reflejo. Sin embargo, ese gesto repetido tiene nombre y significado.

Se trata de la onicofagia, una conducta que puede comenzar en la infancia y acompañar durante años, incluso en la adultez. Su presencia no distingue edades ni contextos y suele mantenerse en silencio, minimizada o normalizada por el entorno.

 

Qué es la onicofagia y cómo se manifiesta

La onicofagia se define como el hábito persistente de morder las uñas y, en muchos casos, también la piel que las rodea. No se limita a una costumbre ocasional. Puede adoptar distintas intensidades, desde episodios aislados hasta conductas difíciles de frenar. No se la considera una enfermedad en sí misma, pero sí una conducta repetitiva centrada en el cuerpo.

Por su parte, la licenciada en Psicología, Ana Laura Pozzatto, mat. 5204, afirmó que: "La onicofagia no es solo un mal hábito, sino una conducta que muchas veces aparece como respuesta automática a la ansiedad o a la tensión interna. Paradójicamente, cuando la persona está todo el tiempo pensando en dejar de morderse las uñas, esa exigencia constante puede aumentar la ansiedad y reforzar el comportamiento, generando un círculo de frustración y autocrítica".

 

Esto implica que suele activarse sin una decisión consciente y funciona como una respuesta frente a estados internos como tensión, ansiedad o aburrimiento. En muchos casos, la persona recién toma conciencia cuando el daño ya está hecho.

Con el paso del tiempo, morderse las uñas genera consecuencias que van más allá de lo estético. Las mordidas constantes provocan pequeñas lesiones, inflamación y alteraciones en el crecimiento normal de la uña. La piel que rodea los dedos pierde su función protectora y queda expuesta. Esto favorece la aparición de infecciones locales, dolor e incluso deformaciones. Además, las manos son una de las principales cartas de presentación social, por lo que el deterioro visible suele generar incomodidad y vergüenza, alimentando un círculo de malestar difícil de cortar.

 

A estos efectos se suma el riesgo de infecciones. Las uñas acumulan microorganismos que, al entrar en contacto con la boca de manera repetida, pueden generar problemas bucales o digestivos. También se registran impactos en la salud dental. El contacto constante entre uñas y dientes favorece el desgaste del esmalte, pequeñas fracturas y molestias en la mandíbula. Todo ocurre de forma progresiva, sin grandes alertas, lo que explica por qué el hábito puede sostenerse durante tanto tiempo.

 

"Más que centrarse únicamente en eliminar la conducta, es importante trabajar desde la aceptación y la conciencia. Entonces más en observar cuando aparece el impulso que se está sintiendo en ese momento, de comerse las uñas, hay que buscar alternativas que permitan descargar la tensión, esto ayuda a reducir el hábito de forma más realista y amable con uno mismo", dijo la licenciada en Psicología, Ana Laura Pozzatto.

 

Emociones, contexto y señales de alerta al morderse las uñas

La onicofagia no aparece al azar. Suele intensificarse en momentos de estrés, nerviosismo, sobrecarga emocional o incluso concentración profunda. En ese sentido, funciona como una vía de descarga. No es falta de voluntad ni simple nerviosismo. Es una señal. Entender qué situaciones la activan permite correrse de la culpa y empezar a observar el hábito con otra mirada. Detectar patrones, horarios o emociones asociadas es un paso clave para interrumpir la repetición automática.

 

Reducir este comportamiento requiere estrategias concretas y realistas. Mantener las uñas cortas y cuidadas, proteger las zonas lastimadas y buscar reemplazos físicos menos dañinos puede ayudar. Pero cuando el hábito está muy instalado o genera consecuencias físicas frecuentes, el acompañamiento profesional resulta fundamental. La intervención psicológica permite trabajar los disparadores emocionales y aprender herramientas para manejar la ansiedad y los impulsos. Mirar la onicofagia como un mensaje del cuerpo, y no como un defecto, abre la puerta a cambios más duraderos.

  

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